¿Qué es la resignificación de experiencias?
En el desarrollo emocional y psicológico de niños y niñas y adolescentes, cada interacción con sus cuidadores y el entorno puede ser una oportunidad para resignificar experiencias y fomentar la resiliencia. La resignificación se refiere a la capacidad de reinterpretar eventos negativos o traumáticos de manera que se les pueda extraer un aprendizaje o una perspectiva positiva. Este proceso es fundamental para el crecimiento y el bienestar emocional de los niños.
Resignificamos ciertas experiencias para sanar, cerrar y seguir adelante. Este proceso no se trata de borrar las experiencias traumáticas o minimizarlas, sino de transformar la manera en que se percibe y se integra. Resignificar permite que la experiencia deje de ser una fuente predominante de dolor y se convierta en un catalizador para el crecimiento y la resiliencia.
En este sentido, proporcionar relaciones seguras generan recompensas mutuas y nos permiten diferenciarnos como individuos, sin dejar de estar vinculados a los demás. Por el contrario, las relaciones inseguras nos empujan a estar rígidamente cerrados o caóticamente abrumados.
La resignificación se refiere a la capacidad de reinterpretar eventos negativos o traumáticos de manera que se les pueda extraer un aprendizaje o una perspectiva positiva.
Dónde poner atención
Para aprovechar cada contacto como una oportunidad de resignificación, es crucial que prestemos atención a varios aspectos importantes en las interacciones diarias con niños, niñas y adolescentes.
Cuando los niños y niñas notan la presencia amorosa de un adulto, de manera constante y predecible, sabrán que pueden contar con ellos una y otra vez, sin importar su comportamiento. Sólo así se les estará proporcionando un espacio seguro donde ellos puedan experimentarse, expresarse y sentirse vistos, ser escuchados, consolados y orientados, sin condiciones.
De esta forma comenzarán a internalizar su valía por el solo hecho de existir.
Estrategias y condiciones para fomentar la resiliencia
El doctor Daniel Sieger, profesor clínico de psiquiatría señala que para lograr que niños, niñas y adolescentes interioricen recursos que los lleven en la senda de resignificar experiencias y, con ello, lograr la resiliencia, debemos trabajar cuatro condiciones que están en la base para que se sientan seguros, queridos, logren conocerse, toleren sus emociones y las gestionen para lograr autorregularse.
¿Cuáles son estos cuatro recursos y cómo ponerlos en práctica?
Sentirse seguro.
Niños, niñas y adolescentes necesitan sentirse protegidos físicamente, sentir que su entorno no es amenazante para su integridad. Por lo tanto, debemos garantizar que velamos por su integridad física y emocional. El sentirse protegidos de daños implica no tener miedo de su cuidador, sentirse cómodos con nosotros, teniendo la certeza que sus emociones serán validadas y que estaremos, en todo momento, para él o ella. Se trata de lograr un lugar seguro al cual puedan recurrir.
Sentirse visto.
Poder sintonizar con sus pensamientos, sentimientos, recuerdos, con todo aquello que se despliega en sus acciones y demostraciones. La condición de ser vistos requiere ofrecer nuestra presencia mental. Para ello debemos conectar, a través de nuestra capacidad para imaginarnos su mente y lo que siente de manera profunda. Ser vistos, requiere de conocerlos y aceptarlos como son, de manera honesta. Recordemos que los niños, niñas y adolescentes que han sido vulnerados son especialmente sensibles al no solo a lo que decimos explícitamente, sino que también a cómo lo expresamos, y están muy atentos a él. La presencia observante permitirá que ellos interioricen esta capacidad de verse a sí mismos, porque el ser humano “es” en la medida que es visto, reconocido y tenido en cuenta.
Sentirse consolado.
Garantizar nuestra presencia frente a situaciones de dolor, tristeza o angustia. Permitir que niños, niñas y adolescentes sientan que estaremos allí, incluso en los momentos en que se porten mal, validando su sentir, mas no su conducta. El mensaje es “si estás en una situación en la que te sientes abrumado y pierdes el control, te ayudaré y juntos conseguiremos que vuelvas a la calma”. Escucharlos, validar sus sentimientos, acompañarlos y ofrecer palabras de apoyo como "entiendo cómo te sientes" o "estoy aquí para ti" pueden ser muy poderosas para lograr consuelo.
Sentirse a salvo.
Es el resultado del cumplimiento de las tres condiciones anteriores, que llenarán a niños, niñas y adolescentes de una serie de experiencias positivas y de apoyo. Esta condición se construye sobre la seguridad, la validación y el consuelo, y es fundamental para el desarrollo de una identidad resiliente. Al sentirse a salvo, no solo se enfrentan mejor a las adversidades, sino que también desarrollan una visión positiva y confiada de sí mismos y del mundo que los rodea. Esta sensación de seguridad es esencial para su bienestar emocional y su capacidad para navegar por la vida con confianza y resiliencia.